Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en si debemos permitir utilizar o no un celular en el aula es que no existe ningún objeto que sea malo en sí mismo. Todos los objetos pueden ser utilizados de buena manera y ser muy productivos o si no se los utiliza de la forma correcta pueden resultar peligrosos en cualquier ámbito.
Por eso, creo que la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿para qué nos sirve permitir el uso del celular en las aulas?
Uno de los puntos esenciales que debemos tener en cuenta es que cuando hablamos del uso del celular en el aula, debemos diferenciar al celular del Smartphone ya que este último ofrece la posibilidad de instalación de programas para incrementar el procesamiento de datos y la conectividad. Es decir, sus funciones son similares a las de una netbook o tableta.
Si hablamos de un simple celular creo que solo tiene dos ventajas Permite a los alumnos estar siempre en contacto, lo cual para los padres es una tranquilidad porque es una forma de ubicarlos en todo momento. Y además, ante cualquier emergencia, tanto en situaciones de riesgo físico o de inseguridad, disponen de números importantes en la agenda para resolver un problema.
Ambas ventajas pueden mantenerse si la escuela cuenta con un teléfono para situaciones de emergencia. En este caso los alumnos solo deberían utilizarlo fuera del salón de clases, es decir en el recreo, o cuando salen de la institución.
Sin embargo, es muy distinto lo que sucede con un Smartphone, que como mencioné anteriormente posee características muy similares a las de un ordenador portátil. En este caso, nadie puede negar las innumerables ventajas que posee tener acceso a tanta información, programas y plataformas de comunicación. Sin embargo, hay personas que todavía se resisten al cambio por varias razones, pero principalmente por la distracción que este aparato puede generar en los alumnos. Si bien es verdad que pueden agregar programas como el Smart Study Card o Edmodo,los cuales pueden ser muy útiles, también pueden agregar jueguitos, los cuales favorecerían la distracción. De todas formas creo que los alumnos que se distraen con estos elementos no son los que antes prestaban atención. Sencillamente, los objetos que distraen a las personas, muchas veces desnudan situaciones que existían anteriormente. O creemos que no hay alumnos que cuando miran al profesor en silencio están pensando en el jueguito en vez de prestar atención. Por eso, creo que por un lado debemos repensar la forma de enseñar, pensar si las propuestas son motivadoras para nuestros alumnos y por el otro no prohibir ni negar la realidad. Tengamos en cuenta que si los chicos llevan tijera al colegio pueden usarla para cortar a un compañero. La función del docente no es prohibirle que la traiga sino enseñarle para qué y cuándo utilizarla. Nadie prohíbe la tijera y obliga a sus alumnos a cortar con la mano. Entonces, lo mismo debería aplicase a un smartphone.